Como hace mucho que no escribo y aún estoy esgrimiendo la razón para cribar todas las impurezas de este principio de teoría simplemente postularé los fundamentos que son tres:

  1. Aunque el destino no esté escrito bajo ningún concepto y de ninguna manera posible, hay ciertos parámetros y hechos que suceden a diario que nos indican si estamos o no en armonía con la naturaleza del caos que es la vida, es decir, sucesos que nos indican si estamos EN EL LUGAR Y MOMENTO en el que debieramos estar para obtener esa cierta armonía que nos ampara en lo que es la vida, un caos sin aparente orden.
  2. Este tipo de sucesos, a los que he denominado casualidades indicadoras, son aparentes resultados del azar, incluso de la suerte, algo que en realidad no es más que un hecho que sucede dentro de un margen de probabilidades, ni más, ni menos. Pero estas casualidades indicadoras se diferencian del resto de "casualidades meras" por el hecho de repetirse en alguna ocasión a pesar de su dificultad y también por el hecho de ser siempre positivas, al menos para uno mismo. Hay que aclarar que cuando ocurre una de estas casualidades indicadoras de forma positiva para uno mismo jamás ocurre que para otra persona pueda darse como casualidad indicadora al mismo tiempo, y tampoco se descarta que pueda tener efectos negativos de cualquier índole en ella.
  3. Cuando aprendes a reconocer estas casualidades indicadoras (ya pondré una pequeña lista de ejemplos según los vaya viviendo) resulta más fácil saber qué es lo que hacemos está bien, y no porque ya esté escrito lo que es correcto o no hacer, sino porque a nosotros mismos ese tipo de casualidades indicadoras nos ayudarán a saber que lo que hacemos va acorde con esa armonía que nos hace afianzarnos en nuestros actos, nos lleven a una mala o buena dirección, sean problemáticos o pacíficos, sean absurdos o brillantes.